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Cómo tener un feliz 2024, independientemente de tus logros

Actualizado: 2 ene




Todo internet está lleno de retos; desde nutrición y fitness hasta hábitos o inversiones, y el inicio de un nuevo año es el momento perfecto para embarcarnos en alguno de ellos. Si bien estos pueden ser caminos eficaces para alcanzar objetivos específicos, algo que pocas veces nos detenemos a pensar es: ¿de dónde, o de quién adoptamos nuestras metas en primer lugar?


El filósofo René Girard desarrolló la teoría del deseo mimético con la que explica, entre otras cosas, que las metas que deseamos, no importa si son laborales, educativas, personales o financieras, todas están incrustadas en un sistema de deseo más grande. Formamos parte de distintos ámbitos, reales o virtuales, y cada uno de ellos informa los deseos que moldean nuestras aspiraciones, que a su vez se traducen en propósitos o metas concretas. Esto quiere decir que, muy probablemente, las metas que te estás planteando este año, tú no las elegiste. La realidad es que, la mayoría de las veces, las metas no son elegidas por nosotros, sino para nosotros, por modelos o referentes. Eso es el deseo mimético.

 

Para salir de esa inercia, la propuesta es pasar más tiempo mapeando -literal, con pluma y papel- los sistemas de los que formamos parte (familia, amigos, trabajo, redes sociales, etc.), para comprender los deseos que se forman en cada uno y nuestro lugar dentro de ellos.


Esto es muy importante, porque cuando nos enfocamos en establecer y medir metas, en vez de en cómo escogerlas, algo tan bueno, como puede ser un propósito, se puede convertir en un auto-flagelo. Esa sensación de insuficiencia o decepción que todos hemos experimentado alguna vez en el último jalón del año, es un ejemplo de esto, cuando nos damos cuenta que, de todo lo que nos propusimos al inicio del año, alcanzamos poco o nada. O incluso si logramos mucho, algo sigue faltando. Esto pasa porque tendemos a volver al estado original de nuestra felicidad antes de que tales eventos sucedieran. Las mejoras o adversidades en la vida sólo dan felicidad o infelicidad a corto plazo. Este comportamiento ha sido estudiado por la psicología bajo el concepto de adaptación hedónica, que explica la tendencia a adaptarnos después de experimentar un cambio significativo en nuestras circunstancias de vida, sea positivo o negativo, concluyendo que la búsqueda constante de objetivos materiales o circunstancias externas no conduce a una felicidad sostenida.


Pero entonces, ¿Qué sí nos la puede dar? El científico social Arthur C. Brooks, especialista en la felicidad, tiene una fórmula sencilla para esto:


La satisfacción es el resultado de lo que tenemos entre lo que queremos, lo que significa que en vez de enfocarnos en tener más de lo que queremos, el esfuerzo será más eficaz si trabajamos en desear cada vez menos.


Esto no significa conformarnos, se trata de hacer un esfuerzo inverso, de depuración: primeramente, identificando de dónde vienen nuestros deseos y cuestionando si realmente son para nuestro bien mayor o son más bien un condicionamiento social; y después, enfocándonos en soltar lo que no se alinea verdaderamente a nuestro propósito mayor. Dejando ir, liberamos el espacio interior que necesitamos para recibir y apreciar en el presente.

 

Si lo piensas, nuestros problemas más grandes, son problemas de deseo. Ponernos mejores metas significa tener la capacidad de ver hacia el futuro para querer algo tanto, como para ejercer un cambio. Significa enamorarse de una mejor versión del futuro. Esa es la única manera en que querremos hacer lo que se necesite para llegar ahí, en vez de ir persiguiendo sólo el resultado con corte de caja cada fin de año.


 

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