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El matrimonio está muy cabrón, porque implica una metamorfosis

Actualizado: 1 sept 2023

¿Qué tan funcional es replantear al matrimonio como un elemento más de mi *muy autosuficiente* vida? Escucha el último episodio de nuestro podcast, en tu plataforma favorita


¿Qué pasa cuando nos casamos y pretendemos que todo siga igual, cuando en realidad todo cambió? ¿Cuando nos aferramos con nostalgia a nuestra “vieja vida” queriendo insertarla en una nueva realidad que requiere un montón desapego y reconfiguración?

Si no entendemos el matrimonio como un proceso de transformación, puede que con el tiempo, nada tenga sentido y aquí te explicamos por qué:


1. El matrimonio es un “estado espiritual” (no necesariamente religioso)

Joseph Campbell, al estudiar las similitudes entre los ritos de diferentes tribus y sociedades alrededor del mundo, en distintas etapas históricas, nos dice que el matrimonio es básicamente el reconocimiento de la identidad espiritual del otro....Y ¿Qué es eso?


Para Campbell, significa la reunión de la dualidad separada, pero no como esa romantización de la “media naranja” que viene a completarme o la mentira taquillera que nos contó Disney, sino como algo mucho más profundo: una fusión espiritual donde se forma algo nuevo que antes no existía.


2. Sin rito o con un rito hueco, nada tiene sentido

Todo el tiempo estamos ritualizando nuestra realidad intangible, seamos conscientes de ello o no (ejemplo entierro, graduación, soplar velitas). Los rituales son fundamentales porque nos ayudan a entender nuestras transiciones de vida y sobre todo a hacer visible lo invisible.


Entonces cuando el ritual del matrimonio se vacía de contenido, de ese elemento espiritual…se queda en mera forma, en un contrato social retrógrado, una prisión que oprime o un espectáculo hueco. Por eso puedes ir a Las Vegas y casarte en 10 minutos, después de la peda. El ritual ha perdido su fuerza y con ello, nuestro entendimiento del matrimonio.


3. “Y se marchó”...tu identidad como la conocías Casarte implica que ya no eres tú solo por el mundo, ni tampoco alguien completamente autosuficiente con un compañero, sino que te convertiste en algo más, en esposo o esposa. Entender esto significa priorizar el NOSOTROS por encima del YO…y eso es doloroso, sobre todo en una sociedad autocomplaciente y narcisista. Asumir que ya no eres “Juan Pérez”, sino “Juan Pérez, esposo de ___” puede sentirse incluso como sumisión y en un acto de rebeldía, preferimos mantener nuestra individualidad y plan de vida personal por encima de todo.


4. Es un proceso de transformación personal constante En una sociedad regida con una lógica capitalista, hemos domesticado el amor para convertirlo en una fórmula de consumo, en una especie de producto milagro con una expectativa de “cero fallas y cero riesgo”, es decir, la expectativa de un romance prolongado con servicio 5 estrellas…pero amar, por definición implica una transformación del YO, que tal vez no estamos dispuestos a asumir. Es una metamorfosis en el sentido que implica adquirir características y habilidades que antes no tenía, no conocía o no necesitaba. Y eso, una vez más, es doloroso porque nos saca de nuestra inercia y comodidad.


5. No es para todos…y está bien

Estamos tan acostumbrados a entender el matrimonio como “el siguiente paso”, como “el camino a la felicidad”, “la única forma de compartir mi vida”, que poco nos detenemos a entender que en realidad es una vocación, como muchas otras, que hace sentido solo si es el camino de vida que quieres, sabiendo sus implicaciones.

El filósofo Byung Chul Han explica que vivimos una pandemia de narcisismo, movida por una sociedad del rendimiento y del tener, entonces llevamos esa misma mentalidad al área de las relaciones y tratamos a la otra persona de la misma forma, con una lógica de mercado. En esta visión narcisista del amor, el colapso es inminente.

¿Estás atravesando una crisis matrimonial que no tiene salida o es en realidad un duelo de una metamorfosis de identidad?

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