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El heroico acto de amar

Actualizado: 14 feb

“El amor es una cosa chistosa: Le donaría un riñón a mi esposo sin dudarlo, pero me molesta de sobremanera si me pide hacer una parada en la farmacia para comprar crema de afeitar”  - Gretchen Rubin

No existe un consenso sobre lo que es un “buen matrimonio”, pero lo reconozco cuando lo veo: Mi mamá cepillando la cabecita blanca de mi papá, recostado en la cama del hospital a pocos meses de morir; ninguno de los dos queriendo estar ahí, pero juntos y de buen ánimo…Luego me acuerdo de mi misma la semana pasada, volteando los ojos y arrastrando los pies cuando mi esposo interrumpió mi lectura para pedirme desde la regadera que le alcanzara una toalla. 


Amo a mi esposo con todo mi corazón, pero me cacho de vez en cuando tratándolo con menos cortesía que a mis amigos o incluso gente extraña. La confianza apesta y como dice Gretchen Rubin, el amor es algo muy curioso porque a veces pensamos que se manifiesta en esa disposición heroica de dar la vida o un riñón al ser amado, pero la realidad es que el amor se esconde en las cosas más ordinarias del día, esas que nos confrontan a puerta cerrada, donde nadie ve, donde nadie nos aplaude….¡Auch! Justo ahí en el anonimato es donde está la verdadera libertad para elegir ser luz en lugar de sombra, ser candil de tu propia casa y no solamente de la calle.


 ¿Qué tan dispuesta estoy a no quejarme, a hacer ese favor de buena gana, a esforzarme por poner un ambiente agradable en mi familia, a no convertir la hora de la comida en un listado de reclamos y esperarme al momento indicado para comunicar mis desacuerdos, a no caer en la tentación de victimizarme, a respirar y ser paciente, a no reaccionar de forma sarcástica ante cualquier provocación? En mi opinión, ahí está el verdadero heroísmo y utilizo esa palabra porque un héroe por definición es alguien que pone su vida al servicio de algo más grande que sí mismo. 


Ese heroísmo, que implica dejar de pensar todo el tiempo en nosotros mismos, en nuestra comodidad y nuestros deseos nos abre todas las puertas interiores: Las personas egocéntricas viven en un espacio espiritual muy limitado, operando con una inercia propia de los niños.



Traspasar ese ensimismamiento implica una transformación interior que nos ayuda a entendernos como parte de algo más: un matrimonio, una familia, una comunidad, un planeta. A ese proceso de supeditar lo inmediato al bien mayor de ese “algo más” podríamos llamarle madurar. Paradójicamente la cultura actual nos invita a actuar exactamente de la forma opuesta, con una lógica infantil: ponerte al centro, primero, atendiendo todos tus deseos, justificando todas tus reacciones emocionales. 


Me di cuenta que no me interesa alinearme a esa engañosa narrativa contemporánea y por el contrario, descubrí que amar en lo pequeño hace la vida más ligera para mi y para quien me rodea. De pronto los actos más ordinarios, como esa escena de mi mamá cepillando el pelo de mi papá, tienen un valor enorme, trascendente y ese amor se vuelve expansivo. Misma situación, diferente enfoque, diferente resultado: Si yo cambio, todo cambia.


¿A tí, desde tu realidad, en qué cosas te cuesta salir de ti?

3 Comments

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Me encanta! Gracias, es muy cierto todo 🫶🏻

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Muy cierto, me siento muy identificada! Gracias por decirlo y recordarnos lo verdaderamente importante del acto de amar desinteresadamente!

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Excelente articulo, solo podemos transformanos en la medida que ponemos nuestra vida al Servicio de algo mayor que nosotros mismos

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