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Las vidas que no valen

Actualizado: hace 1 día

La creciente aceptación social de la eutanasia pone de manifiesto que estamos dispuestos a renunciar a la vida en el momento que consideramos que no vale la pena ser vivida.

Pero ¿Cuándo es eso exactamente?


En Buscaminas nos gusta evaluar la cultura poniendo atención en las soluciones que propone la sociedad ante problemas complejos.

Entonces, frente a una realidad desgarradora de personas exhaustas por su condición, sin ganas de seguir adelante...la solución que se propone es facilitarles una “muerte digna”.

Pero entonces ¿Qué significa morir dignamente?¿Sin dolor?¿Sin disminución de capacidades físicas o mentales?

¿Sin desgaste económico?


Eso nos desvela que hoy en día, asumimos a nivel personal y colectivo, que la vida es más valiosa en la medida que la persona es “productiva”, “útil”, “capaz” o está exenta de sufrimiento.

Si estamos en un contexto cultural dominado por estas ideas utilitaristas, capacitistas, edadistas y hedonistas derivadas en gran parte por una sociedad de consumo, es lógico que se permee en el enfermo el deseo de morir cuando ya no tiene capacidad de “hacer”, “tener” o “disfrutar” asumiendo la muerte como la mejor salida.



Esto es en gran parte lo que hace que el paciente se perciba como una “carga” para los demás cuando su condición lo hace dependiente en lo físico o económico.

Pensar en esos términos deja de lado otra alternativa que tal vez no es tan popular porque demanda un compromiso colectivo: el de destinar los recursos humanos, económicos y materiales al acompañamiento del que sufre, de facilitar la vida antes que la muerte.

Para eso existen especialidades como los cuidados paliativos, la terapia psicológica, psiquiátrica, la asistencia social, etc.

La industria del entretenimiento y los mismos medios de comunicación han jugado un papel importante en perfilar nuestra percepción sobre el tema.



El lenguaje y tipo de empatía a la que se apela en estas historias, nos parece cuestionable pues refuerza el sentido de la existencia en términos materiales, negando la posibilidad de encontrar un nuevo significado más profundo detrás del sufrimiento.

Quienes defendemos la ética consistente de la vida, nos oponemos a que el Estado destine sus recursos económicos y humanos, en facilitar la muerte antes que la vida

Debemos enfocarnos en políticas que incentiven los cuidados paliativos, psicológicos y psiquiátricos para cualquier persona vulnerable



¿Tú que opinas?






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