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La revancha de Barbie


Barbie es una película que ha dado pie a discusiones muy interesantes sobre los roles de género y las dinámicas de poder, pero al mismo tiempo, sentimos que su narrativa es incapaz de salir de los clichés sobre el empoderamiento femenino…aún así hubo cosas que nos gustaron mucho.



Empezamos con la primera escena, que es una referencia a la película de Stanley Kubrick Odisea 2001. Este monolito representa evolución: el inicio de una nueva etapa en nuestra historia como seres humanos, yaquí, Barbie representa una nueva etapa para las mujeres: al verla, las niñas toman conciencia y rompen sus muñecas, destruyendo ese sueño primitivo de ser mamás y amas de casa, para dar paso a las mil posibilidades de profesiones de Barbie.


Mucha gente se quedó aquí, con ese mensaje de destrucción, pero si se fijan al final, Gloria le sugiere al CEO de Mattel hacer una Barbie ordinaria, alguien común y corriente, que puede incluso ser mamá y elegir si quiere trabajar o no. Es decir, cuestiona un poco esta idea inicial, integrando la maternidad como una posibilidad más, ya no como algo precario. Es una autocrítica a la misma Barbie.


Esta petición de Gloria nos gustó porque veces pensamos que nuestra vida tiene que ser EXTRAORDINARIA para que valga la pena: romantizamos la idea de trabajar 24/7, estar al centro, en el reflector, ser la más bonita o tener el mejor guardarropa, sin embargo hay un tesoro escondido en lo ordinario, en la rutina, incluso en el anonimato, que no vemos en ninguna pantalla y vale la pena rescatar. Nos recuerda la frase de Frannie and Zooey

“Estoy harto de no tener el valor de ser absolutamente nadie”.

Cuando Barbie le dice a Ken, “tú no eres tu novia, ni tu casa, ni tu abrigo de mink”

A veces nos falta pensar más seguido en quienes somos más allá de todo aquello donde depositamos nuestro valor o estabilidad. Si te quedaras en una isla desierta, sin posesiones, sin reconocimiento de nadie y sin presión social…¿Quién eres? ¿En qué ocuparías tu tiempo? La canción de Billie Eilish “¿Para qué fui hecha?” que es parte del soundtrack, se alinea a esta idea y nos presenta una pregunta para enfrentar nuestras propias crisis existenciales.


En definitiva hay un mensaje lindo de autoconocimiento, salir de la zona de confort y hacer una sociedad más equitativa para todos, pero para dar este mensaje, hay un vehículo: el humor, la sátira en la inversión de roles y la exageración de dos mundos llevados al extremo. Ninguno de los dos mundos es ideal, pero Barbie en ambos es una ganadora (con todo y sus crisis existenciales) y Ken en ambos es una colección de estereotipos tóxicos. Representa solo a un tipo de hombres: los egocéntricos, incompetentes, inmaduros y primarios, ignorando otro tipo de arquetipos masculinos que también existen.




Una de las escenas más icónicas que resume todo el conflicto que se aborda en la película es el discurso de Gloria. El punto que expresa sobre estar cansada de verse a si misma y a todas las mujeres hacerse bolas para agradar a los demás es para nosotros un punto clave a desmenuzar:

  • ¿Cuál es el verdadero problema?

  • ¿El contexto que exige estándares incumplibles?

  • ¿O que hemos dejado de evaluar todo lo que si hemos logrado, para seguir enfocándonos en lo que nos hace falta?

Tenemos mas posibilidades que nunca, pero nos sentimos igual de limitadas que siempre. Es una visión que inevitablemente deriva en frustración.

¿Y si en vez de frustrarnos por las expectativas que otros tienen sobre nosotras (y que siempre existirán), mejor nos detenemos a cuestionar de donde viene nuestro deseo de convertirnos en cierto tipo de mujer?

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